Los incendios no eran nada extraños en la Antigua Roma, de hecho era algo común en una zona tan poblada y con tanto material inflamable. Tan acuciante era el problema que Augusto decidió tomar medidas.
Así nació el cuerpo de los Vigiles, un cuerpo de bomberos creado a raíz de un devastador incendio en el año 6. Este cuerpo se componía de 7000 esclavos liberados que podían ganarse la ciudadanía después de seis años de servicio.

Entre ellos se distinguían los aquarii que transportaban el agua en cadenas humanas, los siffonarii que arrojaban el agua al fuego con bombas de mano y los uncinarii que se sujetaban a los techos y paredes en llamas con ganchos.

Estaban muy bien equipados tanto para hacer frente a los incendios, como para crear cortafuegos o derribar casas, incluso tenían su propio apoyo médico y un coche de bomberos, el Sipho. Éste consistía en un carro tirado por caballos con una doble bomba de acción sumergida parcialmente en un depósito de agua.

Entre sus funciones estaban también las labores de vigilancia patrullando por la noche deteniendo ladrones y esclavos fugitivos. Se dice que en el incendio del 64 bajo el gobierno de Nerón, las vigiles no actuaron con la contundencia que debieron. Un misterio más que rodeó este conocido acontecimiento.