La Revolución Francesa nunca dejará de sorprendernos. Durante estos convulsos años hubo de todo, pero seguro que no sabéis cuál fue una preocupación para los dirigentes del momento: la vestimenta.

Llegó a ser un verdadero problema político, ya que el vestido fue considerado un símbolo de patriotismo. Tanto fue así que el vestido marcaba posición social o tendencia política, no hay más que ver a los sans-culottes. Desde el 5 de julio de 1792 los hombres estaban obligados por ley a llevar la cocarde tricolor y, desde el 2 de abril del 93, se incluyó también a las mujeres.

El debate estaba en la calle, incluso las revistas más de moda en la Francia del momento llegaron a publicar un  «traje estilo Constitución» para las mujeres. Entre sus características estaban los colores listados de la nación para la gran dama y el paño de color azul con un sombrero de fieltro negro, cintillo y cocarde tricolor para la mujer patriota.

El vestido adquirió tan carga política que la Convención en octubre de 1793 reafirmó con la promulgación de un decreto sobre la «libertad de vestimenta».

Ninguna persona de uno u otro sexo podrá obligar a otro ciudadano o ciudadana a vestir de un modo determinado.. so pena de ser considerado y tratado como sospechoso.

Este decreto estaba dirigido sobre todo a los clubes de mujeres, ya que los diputados querían evitar un proceso de masculización.

Hoy piden el bonete rojo y pronto pedirán el cinturón con pistolas.

¿Desde cuando resulta normal ver a la mujer abandonar los cuidados píos de su hogar, la cuna de sus hijos, para subir en la plaza pública a la tribuna de arengas?

Muy revolucionarios en la Convención, pero desde luego no muy defensores de la igualdad de la mujer ¿no os parece?

Terminarán renunciando al proyecto de reforma y normalización de la indumentaria privada, aunque todavía durante el período de Thermidor, sus dirigentes iban vestidos con lino blanco y cabeza empolvada para diferenciarse de los jacobinos.