La Venus de Milo es una conocida obra helenística rodeada de curiosas historias, pero hoy nos vamos a detener en su aventura durante la 2ª Guerra Mundial.

El Museo de Louvre tomó medidas para que, durante la ocupación nazi, sus obras maestras permanecieran a salvo de la codicia del III Reich.

El miedo a los bombardeos y sobre todo al expolio nazi llevaron a los responsables del Museo a embalar sus obras de arte para trasladarlas. Entre agosto y diciembre de 1939, 37 convoys se llevaron 3.690 obras del Louvre hacia destinos ocultos más seguros. Así obras maestras como la Gioconda o la Victoria de Samotracia abandonaron su residencia y permanecieron años escondidas.

Traslado Victoria Samotracia

Gioconda embalada

Pero más curioso fue el caso de la Venus de Milo que fue embalada y escondida en los sótanos del Castillo de Valençay.

Venus de Milo siendo embalada

Sin embargo, con el fin de que no fuera echada de menos en el museo, la original fue sustituida por una réplica de yeso. Cuando los alemanes ordenaron la reapertura del museo en septiembre de 1940 la escultura fue admirada durante cuatro años sin que se dieran cuenta de la burda falsificación que tenían frente a ellos. Una medida muy inteligente por parte de los franceses sobre todo conociendo la predilección de los nazis por hacerse con grandes obras para llevarlas a Alemania o venderlas en el mercado negro.

Cuando el Louvre volvió a la normalidad en 1947 la Venus de Milo volvió a su hogar recuperando el lugar de honor que le corresponde.