Valeria Mesalina fue la tercera esposa del emperador Claudio y se hizo famosa por su belleza y sobre todo por sus constantes infidelidades.


Según Juvenal era tan promiscua y ninfómana para que satisfacer sus deseos llegó a prostituirse en el barrio romano de Sabura bajo el nombre de Lucisca. Entre sus aficiones estaba el obligar a mujeres de las altas familias a prostituirse delante de sus maridos por favores o por conservar la vida.

La cosa llegó tan lejos que, aprovechando que Claudio estaba en Britania decidió organizar un concurso en palacio. Retó al “colegio” de prostitutas de Roma para descubrir quién podía mantener relaciones sexuales con más hombres en el mismo día. En representación de las meretrices romanas se envió a Escila que consiguió mantener relaciones con 25 hombres, aunque tuvo que rendirse ante la voraz Mesalina que lo hizo con 200.

No es de extrañar que el nombre de Mesalina haya llegado a representar etimológicamente a una mujer libidinosa siendo usado como sinónimo de prostituta o ramera.