Los perros siempre han acompañado al hombre, de hecho fueron el primer animal domesticado, conozcamos su vida en la Antigua Roma.

Uno de sus usos fundamentales fue como guardianes del hogar. Eran grandes, de orejas cortas y erguidas y solían ser atados con cortas cadenas lo que nos habla de su ferocidad. Fueron representados en numerosos mosaicos con la frase «Cave canem» («Cuidado con el perro«).

cave canem

Los perros también fueron empleados con fines religiosos. Un ejemplo era en las Lupercalias los sacerdotes sacrificaban un cachorro de perro a Lycus o Lucus y tocaban con el animal muerto a todos los que buscaban la purificación. Por ello llamaron a este rito Perískylacismo o purificación por medio del perro.

También era costumbre entre los antiguos romanos, antes del nacimiento de un bebe, sacrificar un perro ante el altar de Man Geneta, Madre de los Lares, para pedir un parto fácil y larga vida al nuevo miembro de la familia.

La caza fue otra de las actividades donde fueron utilizados, pero lo más llamativo es su empleo en la guerra como «perros soldados». Los molosos, descendientes de los dogos asirios, cumplían varias funciones. Así eran empleados en actividades de defensa y ataque y, los que tenían peor destino, eran correos. Si pensábamos que lo pasaron mal los perros mensajeros en la 1ª Guerra Mundial, peor lo tuvieron estos perros romanos. El mensaje lo llevaban en un tubo de cobre que ingería y que, para leerlo, exigía la muerte del animal.

A César le acompañaban los «Canis pugnacis», animales acostumbrados a las luchas en las venationes que se equipaban con un collar de puntas afiladas. Con ellos conseguían desarmar a las primeras líneas enemigas además de atemorizarlas.

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