Ya conocemos mucho acerca de los gladiadores en la Antigua Roma, su origen, sus armas o cómo adquirían sus técnicas de combate, pero todavía no nos hemos detenido en cómo se desarrollaba un día en el anfiteatro para disfrutar de uno de estos combates.

El espectáculo iba precedido de una intensa propaganda que hacía conocer a todos el nombre del patrocinador, el número de parejas que se enfrentaban y los días y lugar de la celebración. El festejo comenzaba ya la víspera con un abundante banquete para los combatientes al que podía asistir el público.

La ceremonia empezaba con un desfile. Así, los gladiadores conducidos en un carro desde la Escuela de Lucha, saltaban a tierra al llegar al anfiteatro y daban una vuelta a la arena vestidos de púrpura y oro y acompañados por esclavos que portaban sus armas. Ante la tribuna se producía el saludo ritual

Ave Caesar, morituri te salutant

Se comenzaba con duelos sin derramamiento de sangre con armas embotadas. Con esto se conseguía enardecer los ánimos para elegir por sorteo a los gladiadores que iban a combatir mientras el patrocinador examinaba las armas para cerciorarse que estaban suficientemente afiladas.

El primer combate se abría con sonidos de trompetas y pífanos mientras la multitud jaleaba o insultaba a los combatientes a la vez que cruzaban apuestas. Para que la lucha no se falseara hacían su aparición los fustigadores que excitaban el ardor combativo de los gladiadores azotándolos o aplicándoles hierros candentes.

Cuando caía uno de los gladiadores, éste solicitaba clemencia levantando tres dedos de la mano izquierda. Le correspondía al vencedor al suerte del vencido, pero estando presente el emperador, se le cedía el derecho de decisión, quién a su vez solía tener en cuenta la opinión del público.

Pero esa idea de levantar o bajar el pulgar para salvar o condenar a muerte al gladiador es algo inventado por un cuadro del siglo XIX y extendido después por el cine. En realidad en la Antigua Roma se condenaba a muerte colocando el pulgar hacia arriba y se salvaba con el puño cerrado y el pulgar oculto.

Arrastrado el cuerpo del caído, cubiertas las manchas de sangre y alisada la arena, el vencedor recibía una palma con la que daba la vuelta al anfiteatro entre los vítores de los espectadores.

El espectáculo en el anfiteatro duraba el día entero y junto a estas luchas de gladiadores se mezclaban otras muchas actividades. Así había espectáculos de fieras (venationes) por la mañana que consistían en exhibiciones de fieras exóticas, combates entre diferentes especies y cacerías y luchas de hombres y fieras. En la pausa del mediodía eran arrojados a la arena criminales condenados a morir en el anfiteatro en un simulacro de duelo en el que no había vencedores, ya que el superviviente también era ajusticiado.

Un curioso entretenimiento el que causaba furor entre los antiguos romanos ¿no os parece?