Ya hemos hablado de los diferentes tipos de armas que hicieron su aparición durante la 1ª Guerra Mundial, pero sin duda uno de los elementos que la caracterizaron fueron las trincheras.
Trinchera Somme

Si en la mayoría de los conflictos la movilidad resulta crucial, la 1ª Guerra Mundial demostró que las tecnologías defensivas eran a menudo más efectivas que las ofensivas.

En el Frente Occidental, las pequeñas e improvisadas trincheras de los primeros meses pronto empezaron a crecer en profundidad y complejidad, creándose gradualmente vastas áreas defensivas interconectadas. El espacio entre las trincheras se denominaba tierra de nadie y variaba en distancia, concretamente en el Frente Occidental era habitualmente de 90 a 270 metros.

Las trincheras nunca eran rectas, sino que se excavaban en un esquema dentado, lo que implicaba que un soldado nunca podía ver más de 10 metros aproximadamente a lo largo de la trinchera. Con ello el enemigo no podría enfilar la trinchera completa y, si caía una bomba, la metralla no podría llegar muy lejos.

Franceses, británicos y alemanes construyeron un sistema de trincheras a través de cientos de kilómetros en el frente occidental cuyo esquema solía ser éste:
Trincheras 1ª GM

En primer plano se colocaba alambre de púas, una innovación desarrollada en el oeste de EEUU unas décadas antes (concretamente en 1874). Este alambre en sí mismo no causaba un gran daño a nadie, pero podía ralentizar de forma crucial a una fuerza de ataque y permitir a los defensores, con ametralladoras emplazadas estratégicamente, infligir graves pérdidas al enemigo.

Después aparecían dos líneas de trincheras anchas desde donde vigilaban los soldados y que estaban conectadas por otras trincheras más estrechas que permitía a los combatientes entrar y salir de la línea del frente y que eran utilizadas también para las comunicaciones. Por detrás de éstas aparecian zanjas para primeros auxilios, almacenamiento de suministros y comunicaciones. Más atrás se colocaba la artillería, armas suficientemente poderosas para tratar de abrir brecha en las líneas enemigas.

La vida en las trincheras era horrible y afectó terriblemente a los soldados tanto en lo físico como en la moral. Los peligros eran muchos: bombardeos, inhalación de gases, enfermedades debidas a la mala alimentación, el frío y la humedad causantes del “pie de trinchera”.

En la frontera franco-alemana el terreno era blando lo que favorecía la excavación de las trincheras, pero en algunas zonas la capa freática era tan superficial que se inundaban haciendo que los soldados pasaran el día chapoteando en el barro. Era el caldo de cultivo ideal para el “pie de trinchera”. Fueron muchos los soldados afectados por esta enfermedad que ablandaba la piel y provocaba llagas supurantes que solían degenerar en gangrena. La solución era mantener los pies secos lo que no era fácil luchando en primera línea. Las botas impermeables no eran la solución porque el pie sudaba empapando los calcetines y provocando el mismo efecto que llevaba a la amputación del miembro.

pie de trinchera
Los alemanes procuraban instalar sus trincheras en territorio alto lo que, además de proporcionarles una mejor visión les aseguraba que sus trincheras no se inundasen. Los aliados eran menos cuidadosos y sufrían con más frecuencia el “pie de trinchera”.
Otro causante de enfermedades fueron los piojos y sobre todo las ratas. La plaga de ratas era tal que se organizaban verdaderas cacerías e incluso se buscaban soluciones ingeniosas como esta cama.
cama a prueba de ratas en las trincheras
ratas trinchera

 

No es de extrañar el fuerte impacto que todo esto provocaba en la moral de los soldados: cansancio, depresión, pérdida de ganas de vivir y graves desórdenes mentales.

Uno de los pocos placeres que les quedaban era poder fumar un cigarrillo lo que se convirtió en una actividad de lo más peligroso. Al encender el fósforo descubría su posición a los francotiradores enemigos convirtiéndose en un vicio de lo más peligroso. La fama fue tal que los británicos llamaban a los cigarrillos “clavos de ataúd”.