En nuestra sociedad asociamos los trajes de novia al color blanco, aunque esto no ha sido siempre así.

Durante la Edad Media las novias vestían de color oscuro, verde oliva, granate o púrpura con un trajes atados a la espalda y de mangas largas. Como ropa interior se utilizaba una saya de lino que llegaba hasta los tobillos y que fue adornándose cada vez más en el Renacimiento y el Barroco. La cabeza se cubría con una toca blanca con incrustaciones o bordados.

Esta moda perduró en el tiempo hasta que en 1840 la Reina Victoria de Gran Bretaña decidió romper con el protocolo. El día de su boda con el príncipe Alberto decidió lucir un traje de novia blanco realizado con satén y cubrió su cabeza con una guirnalda de azahares.

A partir de este momento Victoria creó una tendencia que dura hasta nuestros días.