Los Gladiadores en la Antigua Roma no sólo se distinguían por su procedencia, sino por otra serie de aspectos. De hecho, eran conocidos por nombres que respondían a su origen, indumentaria, armamento o manera de combatir.

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Los gladiadores más antiguos eran los Samnitas que iban armados con casco rematado en un elevado penacho, escudo grande rectangular, espada o lanza y brazo derecho y pierna izquierda protegidos.

Durante el Imperio fueron sustituidos por luchadores más especializados, también provistos de armas pesadas. Así aparece el Secutor o «perseguidor» que era una evolución del Samnita y llevaba casco con visera, espada corta y escudo.

Otro tipo de gladiador fue el Hoplomachus llamado así por su gran escudo. Además de con éste se protegía con coraza pectoral, casco con visera y cimera y correas de cuero en pierna izquierda, muñecas, rodilla y tobillo derecho.

Junto a ellos también estaba el Gallos o Myrmillo que recibía este nombre por su casco que representaba un pez marino de este nombre. Se defendía con un escudo largo y rectangular y atacaba con una espada corta.

Más ligeramente armados combatían los Tracios que llevaban un escudo pequeño o parma y la sica, una pequeña espada curva en forma de hoz. Los Reciarios, sólo cubiertos por un taparrabos, estaban provistos de red, tridente y puñal.

Todavía podrían citarse otros tipos de gladiadores menos frecuentes como el Dimachaerus, armado con dos espadas, el Essedarius que combatía en carro, el Eques o gladiador a caballo o el Sagittarius armado con flechas.

Normalmente los gladiadores de los distintos tipos luchaban individualmente, pero a veces de daban luchas entre varios adversarios e incluso combates en masa. Por lo general, nunca se enfrentaban dos combatientes del mismo tipo, prefiriéndose un choque entre un luchador ligero y otro más pesado (por ejemplo Reciario frente a Secutor).

Había preferencias entre los espectadores por uno u otro tipo de gladiadores y no sólo entre la plebe. Los emperadores también dejaron claras sus preferencias, así Calígula y Tito se decantaron por los Tracios mientras Domiciano prefería a los Myrmillos.

Fuente: Los juegos romanos de R. Auget