El cuidado del pelo era muy importante en la Antigua Roma. Ya os hemos hablado del Tonsor y la Ornatrix e incluso os hemos recreado un peinado propio de la época, pero hoy nos detenemos en los tintes y las pelucas.

Las canas no eran muy apreciadas por lo que teñirse era de lo más habitual. Si el pelo era negro o castaño se usaban cenizas y grasa animal, aunque lo último era ser rubia. Las romanas adineradas pusieron de moda los tintes rubios inspirándose en las exóticas germanas. Para conseguirlo utilizaban azafrán, arroz, grasa de cabra y cenizas de haya.

Otro elemento que causaba furor entre las Fashion victims de la época eran las pelucas. Tanto gustaban que Mesalina, la esposa de Claudio llegó a atesorar más de 700 y todas rubias.

En el caso de los hombres, Ovidio argumentaba que un mal corte de pelo podía estropear un rostro bello. Pero lo que era considerado un gran defecto era la calvicie. Asi que si el pelo escaseaba la solución para disimularlo era peinar el cabello hacia delante, con postizos, pelucas o aplicando ungüentos.

Vía: Paleorama