En torno a los Templarios giran todo tipos de misterios y leyendas. Ya hemos hablado de su origen y hoy nos detenemos en su tan comentada riqueza.

La Orden del Temple se enriqueció rápidamente gracias a la protección de Papas y reyes además de a las cuantiosas y constantes donaciones que recibía. La célula base de la organización eran las encomiendas, una posesión territorial que podía ser un castillo, finca o villa. Eran unidades de gestión autosuficientes y su función era acumular y comercializar los excedentes  necesarios para sufragar los gastos de la Orden en Tierra Santa. Los Templarios demostraron ser excelentes administradores que en todo momento recurrieron a técnicas modernas para mejorar los rendimientos.

Realizaban también remuneradoras actividades bancarias basadas en su formalidad y solvencia. Muchos fueron los particulares que le confiaron la custodia de grandes cantidades de dinero y del Papado consiguieron que les encargase las colectas de la Cruzada. Entre sus actividades se especializaron en prestar dinero a reyes y señores en apuros a cuenta de la cobranza de impuestos.

Pero no todo fueron las actividades bancarias. Supieron aprovechar su privelegiada situación en Tierra Santa para comerciar con los productos de Oriente. Diversificaron sus actividades y controlaban todo el proceso por lo que llegaron a construir y armar su propia flota.

Pero esta riqueza no impidió que cumplieran estrictamente su voto de pobreza siempre viviendo dentro de la más absoluta austeridad. Todo ello hizo que se hablase mucho del gran tesoro templario, aunque no se encontraron depósitos de oro. Ello hace pensar que la explicación más lógica fuera que dedicaran su riqueza a sufragar operaciones militares en Tierra Santa además de donar gran cantidad de limosnas. Pero quién sabe…….