Las autopsias son un procedimiento que, mediante la disección de un cadáver, permite obtener información sobre las causas de su muerte. Hoy es un procedimiento médico llevado a cabo en hospitales y zonas específicas para su realización, pero no siempre ha sido así. Durante mucho tiempo fueron concebidas como verdaderos espectáculos con su recinto propio: los Teatros Anatómicos.

Teatro anatomicoLa primera disección pública fue en Bolonia en el siglo XIV, pero poco a poco se fueron extendiendo por Montpellier, Padua, París, hasta que la autorización papal a fines del XV llevó a la construcción de instalaciones permanentes para llevarlas a cabo. Los cadáveres empleados eran los de malhechores ejecutados considerándose la disección como parte de la pena.

En poco tiempo la demanda de cuerpos fue mayor que la oferta, habiendo una gran dificultad para conseguirlos. Empezaron los sobornos a magistrados, el robo de cadáveres e incluso el asesinato al considerarse el cuerpo más valioso cuanto más fresco estaba. Burke y Hare, proveedores del Dr. Knox propietario de una escuela de anatomía en Edinburgo, asesinaron a 16 personas en 10 meses del año 1827. El escándalo provocó que se legislara sobre el tema primero en Gran Bretaña y más tarde en el resto de los países.

Las autopsias se convirtieron en todo un evento social al que acudían médicos, estudiantes y legos. De hecho en Oxford, para obtener el título de bachiller en medicina, el estudiante debía asistir a dos disecciones y algunas más si quería ser doctor. En la parte más baja se instalaba una mesa giratoria para autopsias, iluminada por velas y antorchas y en torno se levantaban las gradas para los asistentes que degustaban vino y dulces mientras disfrutaban del espectáculo.

Quizás una de las disecciones más famosas ha sido la Lección de Anatomía de Rembrandt que muestra el gran interés que existía en Holanda por el tema.

Tanto era así que se preparaba una disección pública anual realizada por una cirujano nombrado por la ciudad. Se realizaba de noche ante un aforo de entre 200 y 500 espectadores que pagaban una entrada que les daba derecho, además de a ver la auptosia, a participar en un banquete de la corporación de cirujanos. Era tal la afición por los teatros anatómicos en la zona holandesa que, cuando no había disecciones, servían como lugares de reuniones de científicos, aulas para clases y conferencias y muchos llegaban a incluir bibliotecas, museos y hasta jardines botánicos.