Si algo se ha repetido a lo largo de la historia ha sido las grandes desigualdades entre los diferentes grupos sociales. En el deseo por rebajar estas diferencias siempre ha estado la lucha por extender la educación a los más humildes. Pero junto a defensores de esta idea han estado siempre los detractores, los que consideraban un peligro, para el orden social establecido, acabar con el analfabetismo, como es el caso de Sir Joseph Banks.
Banks fue un naturalista, explorador y bótanico inglés, reputado miembro de la Royal Society London for Improving Natural (Sociedad Real para el Avance de la Ciencia Natural) de la que incluso sería presidente entre 1778 y 1820. Este organismo era la sociedad científica más antigua del Reino Unido y una de las más antiguas de Europa.

En un hombre culto como él sería lógico esperar una lucha por la extensión de la educación, pero nada más lejos de la verdad. En 1807 desaprobó la creación de escuelas elementales en todo el país con unos argumentos un tanto llamativos:

En teoría, el proyecto de dar educación a las clases trabajadoras es ya bastante equívoco y, en la práctica, sería perjudicial para su moral y su felicidad. Enseñaría a las gentes del pueblo a despreciar su posición en la vida en vez de hacer de ellos buenos servidores en agricultura y en los otros empleos a los que les ha destinado su posición. En vez de enseñarles subordinación les haría facciosos y rebeldes, como se ha visto en algunos condados industrializados. Podrían entonces leer panfletos sediciosos, libros peligrosos y publicaciones contra la cristiandad. Les haría insolentes ante sus superiores; en pocos años sería que el gobierno tendría que utilizar la fuerza contra ellos

Evidentemente pesaba más en él su condición social que su amor por la cultura. ¿Cómo una persona que fomenta el conocimiento puede reprimirlo al mismo tiempo?