Hay que ver la cantidad de cosas de nuestra vida cotidiana que tienen un origen curioso. El mundo de las bodas da mucho de sí, no sólo el mes de Mayo y los ramos tienen un origen histórico, sino que hoy  nos detenemos en otro  de los complementos imprescindibles de una novia: el velo. ¿Sabes realmente cuál es su origen?

Velo viene de la palabra velar o proteger a la mujer. A lo largo de la historia sus acepciones han ido cambiando, de tal manera que en su origen tenía un significado totalmente distinto del que le damos hoy en día.

velo

Según parece la procedencia del velo se remonta la época de los griegos y los romanos que lo utilizaban para ahuyentar a los malos espíritus, el mal de ojo y la envidia. El hecho de cubrir a la novia con el velo garantizaba que la novia permanecía protegida.

Fue tremendamente popular en los Estados Unidos del XVIII. Según parece Nellie, la hija de George Washington, causó admiración entre los invitados de su padre al sentarse junto a una ventana con cortinas de encaje. Gustó tanto que lo recreó en su boda utilizando un velo de encaje blanco.

Con el tiempo su uso además de una moda se convirtió en un símbolo. Llevarlo implicaba sumisión, inocencia y virginidad de la mujer, mientras en el mundo oriental se utilizaba para ocultar el rostro de la novia que solo se dejaba ver por su esposo una vez concluida la ceremonia.

Velo-de-novia

Actualmente, su uso viene determinado por una moda que impuso Eugenia  de Montijo en su boda con Napoleón III que llevaba una tiara de diamantes y al copiarla la princesa Augusta de Gran Bretaña, nos ha llegado hasta nuestros días.

Hoy ha perdido su significado de supeditación original y hay muchas más alternativas para el cabello de las novias, pero un velo siempre será un velo ¿no creéis?