Todos hemos oído hablar del Doctor Mengele, uno de los asesinos nazis que realizó experimentos con los judíos encerrados en los campos de concentración, pero Shiro Ishii es bastante menos conocido.

Fue un médico japonés que consiguió ganarse el apoyo del Ministro de Guerra nipón tras su exhaustivas investigaciones sobre la guerra química de la 1ª Guerra Mundial.

Desde 1932 se le puso al frente del programa secreto sobre guerra bacteriológica que desarrollaba Japón para acabar al frente del  temido Escuadrón 731. Vivisecciones, experimentos atroces, uso de cobayas humanas, todo valía con tal de conseguir sus fines.

Gracias a sus “méritos” en su campo no dejaba de ascender convirtiéndose Jefe la Sección de Guerra Biológica y más tarde en Jefe de la Sección Médica del Primer Ejército.

En los últimos días de la guerra hicieron explotar los edificios del Escuadrón 731 y se ejecutaron un algo número de prisioneros para ocultar toda evidencia de sus prácticas.

Ishii y su equipo fueron capturados por los Estados Unidos, pero salió impune de todas las atrocidades cometidas. Los estadounidenses consideraron que el resultado de sus investigaciones era tan valioso que merecía la inmunidad.

No tuvo que sufrir ningún  juicio, ni fue acusado de “Crímenes contra la Humanidad”, sencillamente sus atrocidades no tuvieron ningún coste para él que murió en Estados Unidos a los 67 años.