Los relojes de pulsera forman parte de nuestra actual indumentaria, pero su vida no es muy larga. Hasta finales del siglo XIX eran muy poco utilizados, ya que los hombres preferían llevar los de bolsillo comparables en aquel momento a las joyas femeninas.

Todo cambió cuando estalló la 1ª Guerra Mundial. Es curioso que de una guerra no nos queden sólo las armas de destrucción sino también algo tan útil como nuestros actuales relojes.

Los oficiales de artillería se encontraron con un gran problema, ya que necesitaban mirar el reloj para calcular las coordenadas de lanzamiento y operar con los cañones. Era imposible hacerlo si tenías una mano ocupada con el reloj de bolsillo por lo que la solución estaba clara: el reloj de bolsillo.