Entre el 8 y el 9 de Noviembre de 1923 se desarrolló el conocido como Putsch de la cervecería o Putsch de Múnich, un golpe de estado llevado a cabo por el partido nazi y que terminará con su líder, Adolf Hitler, en la cárcel.

En la convulsa Alemania de los inicios de los años 20 Hitler se había convertido en el líder de un pequeño partido,el NSDAP (el Partido Nacional-Socialista Alemán de los Trabajadores, muy crítico con las cláusulas del Tratado de Versalles. Este Tratado, que había puesto fin a la 1ª Guerra Mundial, humilló de forma terrible a los alemanes y terminará convirtiéndose en una de las causas de la subida del nazismo y de la 2ª Guerra Mundial.

La República de Weimar no atravesaba su mejor momento con crisis de gobierno, una economía totalmente hundida y con la loza de las reparaciones de guerra sobre sus cabezas. Múnich, la capital de Baviera, se había convertido en un reducto de enemigos de la república con numerosos disturbios y conspiraciones.

Era algo común en las cervecerías de Baviera, de reunían a centenares de personas, celebrar mítines políticos. El día 8 de Noviembre de 1923, mientras el gobernador de Baviera, Gustav von Kahr, pronunciaba un discurso en la cervecería Bürgerbräukeller de Múnich, Hitler y unos 600 hombres de las SA tomaron la cervecería al grito de

La revolución nacional ha comenzado

Hitler lo tenía planeado desde el septiembre anterior, sobre todo tras el éxito conseguido por Mussolini con la Marcha sobre Roma de 1922. Declaró un gobierno provisional con él como jefe hasta

Que se ajusten las cuentan con los criminales que estaban conduciendo Alemania a la ruina.

Mientras los partidarios del golpe ocupaban los cuarteles de ejército y los de la policía además del Ministerio de Defensa, otros miembros de las tropas de asalto nazis arrasaban periódicos, viviendas de judíos y diversos locales de los considerados enemigos de la patria.

A la mañana siguiente marcharon hacia el Ayuntamiento y tras un enfrentamiento con las fuerzas gubernamentales, Hitler fue herido, huye y días después es capturado y conducido a la prisión de Landsberg.

En la ultraconservadora Baviera el juicio fue una verdadera farsa y, a pesar de enfrentarse a una más que posible pena de muerte, sólo es condenado cinco años, aunque sólo cumplirá nueve meses tras aprovechar una amnistía del gobierno.

Según I. Kershaw, autor del libro “Hitler, 1889-1936

Hitler regresó a Landsberg para iniciar el cumplimiento de su leve condena en condiciones más parecidas a las de un hotel que a las de una cárcel. Las ventanas de la habitación grande y confortablemente amueblada de la primera planta que pasó a ocupar, le bridaban una amplia panorámica de un atractivo paisaje campestre. Vestido con pantalones cortos de cuero bávaro, podía relajarse con un perriódico en un cómo sillón de mimbre, de espaldas a una corona de laurel que le habían regalado unos admiradores, o sentado a una gran mesa examinando el montón de cartas que recibía. Sus carceleros, algunos de los cuales le saludaban con un “Heil Hitler”, le trataban con el mayor respeto y le otorgaban todos los privilegios posibles. Llegaban continuamente regalos, flores, cartas de apoyo, encomios y alabanzas. Recibía más visitantes de los que podía atender, unos 500 antes de que se viera obligado a limitar el acceso

En estos meses escribirá el “Mein Kampf”, donde se resumirá la ideología del partido nazi y además tomará la decisión que cambiará el destino del mundo. A partir de entonces Adolf Hitler abandonó la idea de conseguir el poder por la fuerza y se dispondrá a conseguirlo por la ley.

La mayoría de votos le aupará al poder y le convertirá en canciller de Alemania 10 años más tarde (en enero de 1933). Con esto comenzará su larga lista de atrocidades y sus deseos expansionistas que conducirán a Europa a la 2ª Guerra Mundial.