Todos conocemos las grandes obras de ingeniería realizadas en la Antigua Roma. Calzadas, acueductos, cloacas llenan el escenario del Imperio, pero uno de sus grandes logros fueron los puentes. Eran tan importantes que para los romanos el título de su mayor autoridad religiosa, Pontifex Maximus, significaba “el mayor constructor de puentes”.

Uno de los más magníficos fue el Puente de Trajano construido sobre el Danubio, al este del desfiladero conocido como Puertas de Hierro, en su campaña contra los dacios hacia el año 104. El encargado de levantarlo, igual que ocurrió con el Foro, las Termas y la Columna Trajana, fue Apolodoro de Damasco.

Puente-trajano

Era imponente. Contaba con 20 pilares de ladrillo y piedra de 20 metros de lado y hasta 45 de altura sobre los que se colocaba una compleja plataforma de madera y metal. Cada arcada tenía más de 50 metros consiguiendo así superar el kilómetro de longitud. Así se alzaba a 20 metros sobre las aguas y su plataforma de 15 metros de ancho soportaba el peso de hombres y máquinas de guerra.

Fue un ejemplo de osadía, nadie había levantado un puente sobre el Danubio y nadie lo volverá a intentar en muchos años.

Puente Trajano en la Columna Trajana

Cuando Roma se retiró de la Dacia fue parcialmente desmontado, aunque han llegado algunos restos hasta hoy.

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