Está muy extendida la idea de que fue el Cristianismo el que introdujo el pecado en la Antigua Roma, pero no es del todo así. La Antigüedad no fue el paraiso donde no existía la represión, sino que también había cortapisas a la sensualidad.

Todos conocemos a grandes libertinos como Mesalina, Nerón o Calígula y precisamente recibían este título por incumplir las tres grandes prohibiciones imperantes en su momento.

La primera de ellas era hacer el amor antes de caer la noche. Sólo había una excepción y eran los recién casados al día siguiente de su boda.

La segunda prohibición era hacer el amor sin estar a oscuras, de hecho los poetas eróticos se centraban en la lámpara que los iluminaba.

La tercera era hacer el amor con su pareja desnuda por completo. Es curioso que se considera que sólo las mujeres perdidas hacían el amor sin sujetador y que las pinturas de Pompeya nos muestren a las prostitutas conservando esta única prenda.

Los grandes libertinos presumían de haber violado otras prohibiciones como hacer el amor con damas casadas, con vírgenes de buena familia, con adolescentes libres, con vestales y hasta con su propia hermana.