La gran popularidad alcanzada por los combates hizo que la Antigua Roma necesitase un alto número de gladiadores tanto para la capital del Imperio como para las numerosas provincias ¿Cuál era su procedencia?

Los gladiadores tenían una procedencia de lo más diversa. En primer lugar prisioneros de guerra, pero también criminales condenados a morir en la arena o a servir de gladiadores durante un tiempo determinado. Una vez pasado ese tiempo el gladiador recibía la rudis o espadín de madera que les liberaba.

Sin embargo la mayoría de los gladiadores eran esclavos vendidos por sus dueños a los tratantes. A pesar de todo también había una gran cantidad de hombres libres que voluntariamente se convertían en gladiadores. Estos eran hombres arruinados a los que sus deudas los llevaban a la arena. Durante el tiempo que duraba su contrato se convertían en esclavos pasando a formar parte de la familia gladiatoria gobernada por el tratante en las Escuelas de Lucha.

Pero fuera cual fuera el origen del gladiador no pasaban inadvertidos para la plebe romana. En realidad eran vistos por un doble rasero. Por una lado eran temidos (el recuerdo de Espartaco nunca desapareció) y despreciados, pero por otro eran admirados. Sus proezas en la arena despertaban una gran admiración y eran comunes los gritos de entusiasmo y los vítores. Existen numerosos testimonios de este fervor por los gladiadores más famosos como un graffiti que recoge

Celadius, suspirium e decum puellarum (Celadio, anhelo y rompecorazones entre las doncellas.

Voces en contra hubo algunas (Cicerón o Séneca), pero quedaron ahogadas ante un espectáculo que enfervorizaba a las masas. El honor de acabar con los combates de gladiadores lo tendrá la influencia del Cristianismo concretamente cuando en el 406 Honorio los suprima definitivamente.

Fuente: The Gladiators de M. Grant