Juan Calvino manejaba con mano de hierro a la sociedad de Ginebra y como prueba una de las medidas que puso en práctica.

Una costumbre entre los habitantes de la ciudad era realizar picnics en las cercanías del lago Lemans donde pasaban el día con sus familias. Estaba penado disfrutar de cualquier tipo de placer incluido, por supuesto, el de una buena comida. Así Calvino implantó una policía religiosa que iba probando la comida de cada reunión con el objetivo de demostrar que no estaba demasiada buena. El castigo era pena de prisión.

Esto explica porque muchos consideran a los calvinistas los fundamentalistas del XVI.