Las atrocidades cometidas por la humanidad nunca dejarán de sorprendernos. Durante la 2ª Guerra Mundial Auschwitz o el Escuadrón 731 demostraron la capacidad de destrucción del hombre, pero el daño contra otros semejantes no acabó con la contienda. Un ejemplo de esto fue la vivido por los atletas en la RDA.

Los dirigentes comunistas de la RDA, en un orquestado plan de propaganda, utilizaron a sus deportistas en un organizado y controlado plan de dopaje. Como constaba en un documento de la Stasi

El objetivo es asegurar al deporte de competición de la RDA una posición de punta, que demuestre la superioridad de la sociedad socialista sobre la capitalista gracias a la utilización de UM.

Se creó un departamento especial para tal fin “Deporte de Competición II” que suministró anabolizantes (llamados eufemísticamente productos de apoyo) a más de 10.000 atletas para mejorar sus resultados y así asombrar al mundo. Los atletas creían tomar vitaminas o reconstituyentes cuando en realidad tomaban píldoras de “oral-turinabol” o “testosterona”.

Los resultados no se hicieron esperar. En 1988, en las Olimpiadas de Seúl, la RDA quedó la segunda en el medallero sólo por detrás de la URSS. Nada menos que 37 medallas de oro, 35 de plata y 30 de bronce fueron obtenidas por sus atletas sorprendiendo al mundo. Fueron analizados, pero ninguno dio positivo por dopaje lo que no es de extrañar ya que desde sus laboratorios la RDA se cuidaba de mucho de que esto no sucediera.

Tras la caída del Muro de Berlín todo esto salió a la luz dejando claro que la gloria deportiva de la RDA se basaba en una gran mentira.

Las consecuencias han sido dramáticas. Esterilidad, impotencia, cirrosis, insuficiencia cardíaca, cáncer, malformaciones y fallecimientos. Algunas mujeres tomaron tanta testosterona que se convirtieron en hombres como es el caso de Heidi, hoy Andreas Kruger.

La gloria de una atroz dictadura que destrozó la vida de miles de personas.