La muerte de Hitler y Eva Brown en el búnker de Berlín es un hecho que comenzó a discutirse casi inmediatamente al final de la guerra. Había todo tipo de teorías sobre su huída, se habló de España, de Argentina e incluso de un refugio en el polo para el führer. Todo quedaba en entredicho con la aparición en dicho búnker de los restos de un cráneo y de una mandíbula que fueron llevados a Moscú y expuestos por 1ª vez en el año 2000.

De todos los restos llevados a Moscú y que fueron alcenados en secreto durante décadas sólo se conservaron una mandíbula, un fragmento de cráneo con un agujero de bala y unos trozos de sofá impregnados de sangre, ya que el resto fue hecho desaparecer quemándolo. Esto hizo suponer que además de envenenarse, Hitler y Eva Brawn, se dispararon en el búnker.

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La duda volvió cuando un grupo de científicos de la Universidad de Connecticut, tras estudiar restos del ADN, dejó claro que correspondían al cráneo de una mujer entre 20 y 40 años que podría pertencer a Eva Brawn. Esto hizo de nuevo volver a la actualidad teorías conspiratorias que hablaban de la huida de Hitler, pero no.

La mandíbula si puede constatarse que era de Hitler. Los estudios del biólogo forense alemán, Mark Beneckle lo dejan claro. Indicios como un puente dental, pequeñas estructuras metálicas y la forma de los dientes ofrecen a los investigadores las pruebas necesarias para asegurar que estos son restos de Hitler.

Según Beneckle

Los dientes de Hitler eran tan malos que sólo por los dientes era posible identificarlo. El mal estado de su dentadura también explicaría por qué todo el mundo se quejaba del mal aliento del dictador.

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