Los Pochtecas eran los comerciantes aztecas que suministraban a las ciudades productos procedentes de tierras lejanas.

Eran una organización de gran prestigio que se distinguía de los mercaderes comunes o tlacemananqui. Estaban muy jerarquizados y debían cumplir una serie de obligaciones y pasar por ciertas ceremonias para poder entrar y ascender dentro de la organización. Una vez dentro del gremio los derechos pasaban de padres a hijos.

Solían agruparse en sus propios barrios o calpulli dentro de las grandes ciudades. No pagaban impuestos, no estaban sujetos a tribunales ordinarios y tenían hasta sus propios dioses. El comercio era un monopolio controlado por ellos. Eran los únicos que podían viajar fuera de las fronteras del Imperio llegando hasta el actual Nuevo México por el norte y la actual Nicaragua por el sur.

Reunían portadores que fueran capaces de portar hasta 27 kilos en sus espaldas y su caravana humana partía.

Solían ofrecer mercancías básicas (pieles de conejo, espejos de obsidina y cobre, cosméticos, hierbas medicinales o sal) a cambio de productos de lujo o diferentes materias primas (algodón, plumas, chocolate, hule o piedras preciosas).

En las regiones donde no eran completamente seguras las condiciones, eran acompañados por guerreros aztecas. Su posición era tan importante que si uno de ellos moría en tierras lejanas, se le rendían los mismos honores que a un guerrero muerto en combate.

Su función resultaba polémica y eran muchos los que los consideraban espías o “guerreros disfrazados”. Se sospechaba que informaban sobre las características, fuerzas o debilidades de los pueblos que quedaban fuera del Imperio y estas sospechas no eran infundadas. No era nada extraño que a una expedición comercial le siguiera otra de conquista.