Después de hablar de la Plaga de Atenas y de la Peste Antonina ahora nos detenemos en la conocida como Plaga de Justiniano, la pandemia que apareció en 541 diezmando a los habitantes de Constantinopla y a una buena parte del resto del Imperio Bizantino.

La causa más aceptada de esta epidemia es la peste bubónica, recurrente en los puertos mediterráneos hasta aproximadamente mediados del siglo VIII. Tuvo varios brotes, el primero apareció en 541 y duraría hasta el 547-548, el segundo des 558 al 561 y el tercero entre el 594 y el 597.

El historiador y eclesiástico, Juan de Éfeso cuenta que los afectados mostraban bubones, ojos sanguinolentos, fiebre y pústulas. La muerte llegaba al cabo de dos o tres días y el contagio era muy rápido. 

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Su virulencia fue tal que solo en la ciudad de Constantinopla mató a 10.000 personas al día. Esto generó un gran problema ya que cantidad de cuerpos quedaban apilados a la intemperie debido a la falta de espacio y tiempo para enterrarlos. Las autoridades respondieron por un lado haciendo un recuento de muertos y por otro organizando cementerios especiales. Así en un primer momento se apilaban en barcos y eran lanzados al mar y después Justiniano dispuso cavar grandes fosas comunes para los cadáveres al otro lado del Cuerno de Oro.

Para el final del brote, casi la mitad de los habitantes de la ciudad estaban muertos. Se estima que mató a entre 30 y 50 millones de personas, casi la mitad de la población mundial que se extendía a través de Asia, Norte de África, Arabia y Europa.

Extension peste justiniano

Una de las dudas en torno a esta pandemia era la de su origen. Siguiendo a Procopio de Cesarea, el cronista de cabecera del emperador, el origen de la plaga parece haber estado en el Alto Egipto para después ir desplazándose hasta alcanzar Constantinopla. Esto se explicaría porque la ciudad importaba grandes cantidades de granos desde Egipto para alimentar a sus habitantes, y las naves que transportaban el grano podían haber sido la fuente del contagio, al contaminar los graneros de la ciudad con ratas y pulgas que posiblemente portaban la peste bubónica.

Pero un descubrimiento lo ha cambiado todo. Un equipo de científicos liderado por Hendrik Poinar, de la Universidad de McMaster en Canadá, ha conseguido reconstruir el genoma completo del patógeno que desató aquella plaga estudiando dos cadáveres de la época.

Esqueletos

El estudio de los dientes ha aportado la clave al extraerse pequeños fragmentos de ADN de la Yersinia pestis, la bacteria de la peste. Con esta reconstrucción se sabe que el origen de la plaga no fue África, sino Asia y desde allí se expandió siguiendo vías comerciales como la ruta de la seda.

Además el análisis ha permitido reconstruir el genoma completo del patógeno y su análisis muestra que la plaga de Justiniano fue lo que los expertos llaman “un callejón sin salida”. Esto quiere decir que, tras desatar el caos, el patógeno murió y desapareció sin dejar rastro. Según el estudio, la plaga la causó una variante de Yersinia pestis que no está emparentada con las de la gran peste negra medieval y su resurgimiento decimonónico. Estamos ante diferentes cepas del mismo patógeno.

Bacteria peste negra

Es irónico que fuera Justiniano el que le dio nombre a la plaga, pues él sobrevivió a ella.

Fuente: McNeill, William H. “Plagues and Peoples” / The Lancet Infectious Diseases