La Piedad es una de las obras más conocidas y representativas de la trayectoria artística de Miguel Ángel Buonarotti el gran artista del Renacimiento italiano. Fue realizada entre los años 1498 y 1499 cuando tan solo contaba con 24 años de edad. Además de su extraordinaria belleza cuenta con una pecualiaridad: fue la única obra firmada por el genio italiano ¿Por qué?

La obra fue encargada por el cardenal Jean Bilhères de Lagraulas o de Villiers, embajador del monarca francés ante la Santa Sede. El contrato entre el artista y el cliente, firmado el 26 de agosto de 1498, estipulaba su precio, 450 ducados de oro, y una condición el que tendría que estar acaba antes de un año. El artista cumplió terminándola dos días antes de cumplirse el plazo, pero quien la encargó nunca la vio por haber muerto unos días antes.

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Ésta fue una de sus primeras obras, pero a lo largo de la vida del artista realizará una enorme cantidad de obras maestras con la peculiaridad que ninguna, excepto La Piedad estaba firmada. Vasari nos da su versión.

Según cuenta, finalizada la obra el joven escultor quiso saber que opinaban quienes la contemplaban y, para ello, se unió a unos curiosos que merodeaban por la Basílica de San Pedro y se quedo sorprendido al oír “Sin duda esta magnifica obra no tiene más autor que el milanés Gobbo”. Tal fue el enfado de Miguel Ángel, que por la noche se coló en el templo provisto de un martillo y un buril y a la luz de las velas esculpió en el pecho de la virgen: “MICHAEL ÁNGELUS BONAROTUS FLORENT FACIENBAT”, es decir, “Miguel Ángel Buonarotti, el florentino, lo hizo”.

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Ésta, como muchas de las historias de Vasari tiene mucho de fábula y posiblemente la causa que explique la firma sea lo orgulloso que el artista estaba de ella, de su obra más clásica. Pero sin duda la fábula resulta mucho más curiosa ¿no os parece?