Las pelucas han sido un elemento muy demandado a lo largo de la Historia. Entre las romanas causaban furor, pero en el Antiguo Egipto las cosas no eran muy diferentes.

Las egipcias adoraban las pelucas y eso desde las primeras dinastías, aunque no estaban al alcance de todas por ejemplo las criadas no solían utilizarlas. De hecho la mayoría de la población no se podía permitir el lujo de tener una, ya que su precio y su mantenimiento eran elevados. Además de un signo de distinción también tenían su vertiente práctica al proteger a sus dueñas de los siempre fuertes rayos de sol.

Lo que si que fue cambiando fue la moda. Así en el Imperio Antiguo las pelucas más demandadas eran las de melena corta, cuadradas y con la raya en medio. Los hombres solían llevar su pelo natural muy corto o la cabeza rasurada, aunque podían utilizar alguna peluca corta para actos específicos.

En el Imperio Medio las pelucas más utilizadas tenían forma de rollo imitando la iconografía de la diosa Hathor.

Las pelucas consistían en una melena dividida en tres partes, dos mechones a los lados que caían sobre el pecho, y otro mechón mas grueso que caería por la espalda. Normalmente estas pelucas no eran de trenzas sino de mechones gruesos y lisos, dejaban ver las orejas y tambien estaban peinadas con raya en medio. Las pelucas cortas cuadradas quedaron para las clases trabajadoras

Pero será durante el Imperio Nuevo cuando las pelucas se vuelvan más recargadas. Así son habituales las que llevan pequeñas trenzas, tirabuzones u ondas a media espalda, adornadas con joyas o nenúfares.

Entre los hombres se hizo muy popular la peluca nubia. Eran cortas, redondas y pegadas a la cabeza casi como fuera un casco. Aunque era preferida por los hombres, también fue muy utilizada por algunas mujeres con cargos de importancia como Hatshepsut o Tiyi.

La mayoría estaban realizadas con pelo humano, de color normalmente oscuro, aunque en algunas también se ha encontrado fibra vegetal. Estaban realizadas por peluqueros expertos que empleaban tenacillas, cera de abeja o resinas para fijarlas a una malla que habían entretejido con cabello humano. Cuando estaban terminadas se aromatizaban con perfumes y aceites.