Paul Gauguin es uno de esos personajes que cuadra a la perfección con la idea que tenemos del artista inconformista de finales del siglo XIX.

Este curioso personaje fue uno de los grandes representante del Postimpresismo. Criticó constantemente la sociedad en la que le tocó vivir por lo que abandonó un trabajo en bolsa y una familia burguesa en aras de conseguir lo que echaba en falta en la Europa de su tiempo.

Para ello no dudó en marcharse a la búsqueda de nuevos horizontes. Bretaña, las Antillas y, más tarde Tahití le proporcionarán esa necesidad que su espíritu buscaba: la autenticidad e ingenuidad en la naturaleza, las gentes y el arte primitivo. Como él decía

Nuestra vida de hombres civilizados está enferma, nuestro arte también. Solo podemos devolverle la salud empezando de nuevo, como salvajes

La luz y el exotismo de la Polinesia le permitirán volcarse hacia el mundo interior y, utilizando una técnica  que recuerda a esmaltes y vidrieras, darán forma a unas figuras de cromatismo intenso y arbitrario aunque cargadas de ternura. Su pintura no es un reflejo de la Naturaleza, sino algo autónomo, con un valor propio.

Yo intento expresar el pensamiento, no copiar la naturaleza. Quiero reflejar la realidad a través de la imaginación.

Su obra nos acercará a movimientos de las Primeras Vanguardias como el Expresionismo o el Fauvismo, estamos ante un verdadero puente entre la pintura del XIX y la del XX.

Ahora el Museo Thyssen de Madrid conmemora sus 20 años con una exposición: Gauguin y el viaje a lo exótico.

Desde aquí puedes ver las principales obras expuestas en el Museo.

Escucha a su comisaria, Paloma Alarcó, presentando la muestra.