Leon XII

Las alianzas entre el poder y la Iglesia no son nada nuevas y las hemos visto  repetidas muchas veces en la Historia de España. Pero en este año conmemorativo del que fue el primer texto constitucional español conviene recordar cierta Encíclica de León XII.

Tras la firma del Tratado de Valençay que confirmaba la derrota francesa en la Guerra de la Independencia española Fernando VII se convertía en el legítimo rey español. Las esperanzas de gran parte de los españoles se fueron al traste cuando el tan deseado rey anuló todo lo legislado en Cádiz y volvió al Absolutismo.

Durante los años de guerra las colonias españolas en América reprodujeron el sistema de Juntas que se vivía en España y comenzaron el camino que les llevaría hasta su independencia.

El Papa decidió tomar cartas en el asunto haciendo pública una Encíclica el 18 de Febrero de 1825 que exhortaba a los fieles del Nuevo Mundo a obedecer a Fernando VII.

A nuestro muy amado Hijo Fernando, Rey católico de las Españas, cuya sublime y sólida virtud le hace anteponer al esplendor de su grandeza, el lustre de la Religión y la felicidad de sus súbditos.

Deja claro que su postura no estaba con la revolución o la defensa de las libertades

Juntas independentistas americanas, que se forman en la lobreguez de las tinieblas y por cuya inmunda sentina se derrama cuanto hay y ha habido de más sacrílego y blasfemo en todas las sectas heréticas.

No es una sorpresa ya que, incluso antes de ser Papa, había dejado clara su posición al ser el encargado de felicitar a Luis XVIII después de ser restaurado en el trono por el Congreso de Viena. Esta labor se intensificó al convertirse en el máximo dirigente de la Iglesia católica. Se dispuso a luchar contra movimientos liberales como carbonarios y masones a los que acusaba de querer subvertir las enseñanzas de la iglesa y destruir su poder temporal.

El Papado se vinculó, una vez más, con el poder establecido del que, por otra parte, obtenía cuantiosos beneficios. Un ejemplo más del rechazo que la jerarquía católica sentía ante los que veía como “descarriados” a lo largo de la Historia de España.  A pesar de la militancia activa del Papa, nada impidió que los territorios americanos continuaran su camino como países independientes.