El ostracismo era la fórmula por el cuál se podía desterrar durante un cierto tiempo a un ciudadano no grato o peligro para el bien común. Esta palabra viene de la griega “ostrakon” que significa trozo de cerámica y será precisamente sobre este material sobre el que se pondrá en práctica esta ley tan común en la antigua Hélade.
En la Atenas del siglo V aC la Ecclesia o asamblea de ciudadanos participaba en el gobierno de la polis. Como arma para frenar a los que pudieran poner en peligro a la democracia existía la ley del ostracismo que consistía en aplicar pena de destierro a aquellos políticos que fueran culpables de excederse en su poder. Clístenes fue quien la promulgó en el 510 aC, aunque no será hasta el 487 aC cuando se puso en práctica.
Para ello, existía una votación especial que se celebraba normalmente una vez al año. Cada ciudadano cogía un trozo de cerámica y, si lo consideraba, apuntaba el nombre de otro ciudadano. Después contaban los nombres y si se daba el caso de que un ateniense recibiera más de 6000 votos en contra, era expulsado de la ciudad durante 10 años, aunque mantenía su honor y sus posesiones.
Esta medida que buscaba defender a Atenas de los enemigos de la democracia terminará convirtiéndose en una arma perfecta para los diferentes líderes políticos que querían expulsar a sus rivales más poderosos. El ejemplo más característico de este uso fue en 482 aC cuando Temístocles consiguió que la asamblea votara el ostracismo contra Arístides el Justo.
La causa de su enemistad provino de las diferente interpretación que ambos líderes hicieron de la profecía del Oráculo de Delfos sobre la manera de parar el avance turco sobre la Hélade tras la victoria de las Termópilas sobre los espartanos. Arístides perdió y tuvo que exiliarse dejando el camino libre a Temístocles para fabricar una flota de trirremes, rápidos y poderosos barcos dotados de tres filas de remeros.
¿Quién iba a decirle a Arístides que su marcha sería la causante indirecta de las victorias de Salamina y Platea sobre los persas?


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