El acto de “tocarse los testículos” empleado por algunos hombres y que normalmente tiene un sentido soez, era un hecho común en la Antigua Roma, de hecho era parte importante del Derecho Romano.

Los romanos, cuando debían declarar en un juicio, tenían como costumbre apretarse los testículos con la mano derecha para demostrar que decían la verdad. Precisamente de esta costumbre viene nuestro actual testificar que deriva del latín testificare.

La palabra proviene de testis (testigo) y facere (hacer) por lo que la palabra testificar significaría literalmente “tocarse los testículos”. Esta teoría tiene más sentido si tenemos en cuenta que el derecho romano sólo reconocía la posibilidad de declarar a los varones.

Fuente: Ya está el listo que todo lo sabe (366 curiosidades para descubrir el porqué de las cosas cada día) de Alfred López