Hoy en día entendemos el mausoleo como un gran enterramiento funerario, pero ¿sabéis de dónde  procede su nombre? Pues nada más y nada menos que de Caria, una región de Asia Menor en el siglo IV aC.

El rey Mausolo engrandeció la ciudad de Halicarnaso, lugar donde estableció la capital de su reino. Tras su muerte su esposa, Artemisa II mandó construir un magnífico monumento funerario en su honor dirigido por los arquitectos Sátiros y Piteos y decorado por los mejores escultores y pintores del momento.

En la construcción de tan magnífico edificio participaron, no sólo los esclavos, sino también ciudadanos libres que querían así rendir homenaje al que había sido su rey. Artemisa sólo sobrevivió a su esposo dos años por lo que fue enterrada junto a él en el Mausoleo de Halicarnaso.

Grabado Mausoleo de Halicarnaso

Era tal la belleza del edifico que formaba parte de las Siete Maravillas de la Antigüedad junto a los Jardines Colgantes de Babilonia, el Faro de Alejandría, el Zeus de Olimpia, el Templo de Artemisa en Éfeso, las Pirámides de Gizeh y el Coloso de Rodas.

La pena es el poco tiempo que estuvo en pie. Apenas dieciseis años después de su finalización Alejandro Magno destruyó Halicarnaso y con ella el Mausoleo. Los restos que quedaban en pie cayeron en el terremoto de 1404, por lo que hoy sólo podemos disfrutar de la estatua superior y de algún fragmento de friso en el British Museum de Londres.

Restos Mausoleo Halicarnaso