Todos conocemos los seis continentes de nuestro planeta pero no el curioso origen de sus nombres.

Nuestro continente, Europa, toma su nombre de una ninfa hija del rey de Tiro. Según la leyenda Europa jugaba con sus amigas a la orilla del mar cuando llegó un toro blanco cuyos cuernos tenían la forma del creciente lunar. El toro era Zeus que, enamorado de la muchacha, tramó estar argucia para poder raptarla. El nombre de Eurpa se aplicó primero sólo a la parte continental por oposición al Peloponeso y las islas para más tarde pasar a utilizarse para una parte mucho mayor que se oponía a Asia Menor y Libia.

Asia recibe su nombre de una diosa homónima, Asia, deidad oceánica fruto del matrimonio entre Océano y Tetis. Asia tendrá cuatro hijos con el tintán Jápeto: Atlante, Prometeo, Epimeteo y Menecio. En principio se refería sólo a Anatolia y más tarde al Imperio Persa en contraste con Grecia y Egipto.

África toma su nombre de otra diosa de igual nombre que se representa como una mujer sentada sobre un elefante que sostiene un cuerno de la abundancia y un escorpión.

Sobre el nombre de Oceanía hay dos teorías. Una defiende que proviene de Océano, el dios-río universal, cuya corriente lo baña todo para volver finalmente sobre sí mismo. Para otras procede de Oceania (oceanidas y oceanides), ninfas protectoras de los arroyos y fuentes, hijas de Oceano.

América toma su nombra de Américo Vespucio, navegante que acompañó a Colón en uno de sus viajes explorando y cartografiando las costas de Brasil y Argentina. Colón siempre creyó que se encontraba en Asia mientras Vespucio se dio cuenta que estaba ante un nuevo continente. El cartógrafo y escritor alemán Martín Waldseemüller en su libro Cosmographiae Introductio, escrito aproximadamente en 1507, fue el primero en emplear y difundir el término. Siguiendo la línea de los otros continentes que llevaban nombres de mujeres, se latinizó el nombre del explorador y se feminizó resultando “América”.

Por último, la Antártida toma su nombre de la palabra griega antartikos, por oposición a artikos, que a su vez deriva de la palabra arktos, que significa oso, por encontrarse la estrella polar en la constelación de la Osa Menor.