Hacia bastante tiempo que no hablamos de las frases populares y hoy vamos a hacer mención a una frase muy peculiar originaria en la España del siglo XV: Quedarse con el oro y el moro.

El dicho procede de un suceso que ocurrió en Jerez durante la Reconquista, concretamente en tiempos del rey Juan II. Varios caballeros cristianos de Jerez apresaron en una redada a 40 moros principales, entre los que se encontraban, Abdalá, el alcaide de la ciudad malagueña de Ronda y un sobrino de éste, llamado Hamet. A pesar de que Abdalá pagó el rescate con una fuerte suma de dinero, la esposa del caballero Fernández de Valdespino se negó a liberar al sobrino si no le abonaban 100 doblas de oro que había gastado en su guarda y mantenimiento.

Debido a que nadie se ponía de acuerdo, Juan II ordeno que Hamet fuera conducido a la corte,  pero a causa del desacuerdo entre el soberano y los caballeros por el cobro del rescate, el pueblo no tardó en acuñar la frase quedarse con el oro y el moro, aplicada a la aparente intención negociadora en favor del rey.

Esta frase ha llegado hasta nuestros días como una expresión irónica que se emplea cuando alguién pretende retener más de lo que le corresponde por derecho.