En nuestros días es común oir la expresión “colgar un sambenito” o “cargar con un sambenito” para hacer referencia a cómo se culpa a alguien por algo inmerecido. Es una expresión que tiene su origen en la Inquisición española.

El Tribunal de la Inquisición imponía como castigo en algunos delitos el que condenado llevase durante un tiempo, que podía ir de varios meses a toda la vida, un saco bendito, término que terminará degenerando en lo que se conoció como sambenito. Era un traje penitencial de lana y normalmente de color amarillo que se acompañaba de un sombrero alto de papel prensado en forma de mitra o cónica y que se denominaba coroza.

La indumentaria era bendecida por el cura y consistía en una prenda que se metía por la cabeza cubriendo pecho y espalda, pero dejando libre los hombros. A raíz de la muerte de Torquemada se colocaría en el sambenito la cruz de San Andrés de color rojo, negro o verde sobre el pecho y la espalda. Parece que se utilizó esta cruz en aspa y  no la tradicional al no considerar a los herejes dignos de llevarla. Los condenados eran obligados a marchar por la ciudad descalzos, vistiendo el sambenito y con un gran cirio encendido en la mano

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Sin duda una eficaz manera de humillar públicamente al condenado y que no acababa con la finalización de la condena. Una vez cumplido el plazo, el sambenito debía colgarse en la iglesia a la que pertenecía el hereje para que nadie olvidara nunca su culpa indicándose a su lado el nombre de la familia, el crimen cometido y el castigo sufrido. Si la lana se deterioraba se reemplazaba por otros paños que siguieran reflejando el delito.

Estaba claro que el tema de la reinserción no iba con ellos.

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