Según una antigua tradición Santiago el Mayor vino a España a predicar el Evangelio marchándose después a Palestina donde fue martirizado y murió. Sus discípulos trasladaron por mar el cuerpo con la intención de sepultarlo en el Finisterre.

El tiempo pasó, la tumba fue abandonada y su memoria se perdió en el recuerdo hasta el siglo XI. Fue entonces cuando un ermitaño llamado Pelayo comenzó a ver por la noche “luces ardientes” en el lugar y hizo llegar la noticia al rey Alfonso II.

El rey funda en el lugar donde se veían las luces (en el “campus stellae” o campo de estrellas) la ciudad de Compostela en honor de Santiago y este será el comienzo de la arteria de peregrinación más importante de la Edad Media: el Camino de Santiago.