Los Templarios son una de las órdenes militares más conocidas. Su origen, tesoros, reglas o costumbres están llenas de misterio lo que ha convertido al Temple en un tema de gran interés.

El nacimiento de los Templarios se debe a Hugo de Payens y Godofredo de Saint-Adehmar quienes, en 1155, concibieron la idea de fundar una orden monástica con el fin de custodiar y proteger a los peregrinos en su camino a Tierra Santa. La verdad es que era una labor necesaria sobre todo en el tramo entre Jerusalén y el puerto de Jaffa, tierra hóstil plagada de bandoleros.

El nombre que recibieron fue la Orden de los Pobres Soldados en Cristo, aunque muy pronto serían conocidos como “Orden del Temple” y sus miembros como templarios, ya que sus cuarteles se situaron sobre el solar del antiguo Templo de Salomón.

Los príncipes dieron su apoyo a la nueva Orden desde el inicio abundando donativos. Al igual que las limosnas crecieron los efectivos humanos, aunque no todos los miembros eran iguales. A la cabeza quedaban los caballeros profesos y por debajo capellanes, hermanos de oficio, sargentos de armas, artesanos, visitadores e incluso asociados temporales. La autoridad superior era el Gran Maestre que únicamente se sometía al Papa.

Los Templarios juraban los votos monásticos de castidad, pobreza y obediencia y rápidamente se extendieron por Europa y Tierra Santa. Estaban por encima de la jurisdicción civil y eclesiástica ordinaria, de hecho, se convirtieron en un Estado dentro del Estado y en una Iglesia dentro de la Iglesia. Este hecho y su gran riqueza no tardarán en generarles gran cantidad de enemigos.