La relación de la comida con la Historia no es nada nuevo. Ya os dejamos el origen del conocido cóctel Bloody Mary y no es lo único. Muy curioso también es el origen del Carpaccio, uno de los platos más conocidos de la cocina italiana.

Esta deliciosa comida consistente en finas láminas de una carne o pescado tiene su origen en Venecia en 1950. La condesa Amalia Nani Mocenigo sufría una fuerte anemia y a su médico se le ocurrió la idea de prescribirle una dieta a base de carne cruda. La sola idea de comerla provocaba repugnancia a la aristócrata que consultó con un amigo chef, Giuseppe Cipriani, la posibilidad de una solución a su problema.

Cipriani pensó una original manera en la que la condesa pudiese comer la carne y además disfrutarla. Fileteó un solomillo de buey en finas láminas adornándolo posteriormente con queso parmesano (aunque algunos señalan que fue una salsa de mahonesa, mostaza y worcesterhire). Como era de esperar a la condesa le encantó el resultado.

Ante la necesidad de poner un nombre al nuevo plato Cipriani se inspiró en un pintor renacentista cuyas obras se caracterizaban por la profusión de rojo y amarillo, los colores que caracterizaban el plato. Este pintor era Vittore Carpaccio que desde ese momento dio nombre al delicioso plato.

Nadie puede negar el amor de Cipriani por la pintura, ya que también inventó un cóctel con base de Champagne y pulpa de melocotón al que llamó Giovanni Bellini.