Las fiestas navideñas que ahora comienzan vienen rodeadas de luces, regalos, familias, belenes y, como no, del Árbol de Navidad. Es cierto que no es una costumbre muy nuestra, pero está presente en nuestros hogares desde mediados del siglo XX cuando se generalizó su uso (a pesar que llegó a nuestro país hacia 1870). Se nos haría raro pensar en una Navidad sin su compañía. Pero a pesar que a nosotros nos llegó tarde, su origen se remonta bastante lejos.

Éste parece remontarse a la época de los celtas que lo consideraban un elemento sagrado de la naturaleza. Para ellos era el Divino Idrasil (Árbol del Universo) que albergaba en su copa el Valhalla y en sus raíces el infierno. Se adornaba en estas fechas como conmemoración a sus dioses.

Cuando los primeros misioneros llegaron a esta tierra del norte de Europa descubrieron estas costumbres paganas. San Bonifacio no estaba dispuesto a consentirlo y por ello decidió que debía eliminar al árbol venerado. Cogió un hacha y lo cortó. A partir de aquí hay dos teorías, una que dice que el roble al caer derribó a todos los árboles que había alrededor menos uno que era un abeto, por lo que el predicador interpretó como un mensaje divino y lo bautizó con el nombre “Árbol del niño Jesús”. La segunda, y parece que más aceptada, es que lo cortó y en su lugar plantó un pino, símbolo perenne del amor a Dios adornándolo con manzanas (simbolizan la tentación) y velas (luz de Cristo que nos ilumina).

arbol de navidad druidas

En tiempos más cercanos encontramos árboles de Navidad en Alemania a principios del XVII. Desde aquí se extenderá por Filandia e Inglaterra a principios del XX. Sin duda estamos ante un ejemplo más de la cristianización de elementos y celebraciones paganas.

Yo siempre he sido más de Belén, pero ¿a quién no le gusta un buen árbol lleno de regalos en estas fechas?

arbol de navidad con regalos

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