Son muchas las palabras que utilizamos de forma cotidiana sin saber exactamente cuál fue su origen. No es la primera vez que en QuHist nos detenemos en expresiones o términos actuales y su historia, hoy le toca el turno al adverbio Sinceramente.

Desde el siglo XVI era común que los escultores trataran de ocultar las imperfecciones de sus obras. Un modo habitual de hacerlo eran introduciendo cera caliente en las grietas del mármol para frotarlas posteriormente con piedra pómez consiguiendo así un acabado perfecto.

Esto, aunque efectivo, no dejaba de ser una trampa por lo que si una escultura sin cera era alabada. Se entendía que una escultura “sine cera” era una obra de arte auténtica y sincera. No deja de ser curioso que todavía hoy sigamos utilizando la palabra sinceramente para referirnos a algo real, sin artificio.