La representación de orejas en templos del Antiguo Egipto es un tema recurrente. Las encontramos cinceladas en frisos y estelas y hasta colgadas como amuleto y tiene su explicación.

Con estas representaciones los egipcios pretendían hacer llegar de forma más rápida y fácil sus plegarias a los dioses, por lo que no es de extrañar que proliferaran en los recintos religiosos.

Las encontramos en Deir-el-Bahari destinadas a Hathor, en Karnak, concretamente en la cara este del templo donde aparece una curiosa construcción denominada “Amón el de la Oreja que Escucha” o en Menfis donde encontramos un lugar similar dedicado a Ptah llamado “Grandes de oido”.

Pero la oreja era importante en otros sentidos y por ello los egipcios la cuidaban de forma muy especial. El motivo era que se consideraban la vía de entrada para que fuerzas perjudiciales llegasen al corazón, lugar que albergaba el pensamiento.