Édouart Manet es uno de los grandes pintores del siglo XIX. A pesar de que se le vincula al movimiento, nunca fue un impresionista puro. No tuvo problemas económicos y se erigió como protector del grupo, aunque no expuso nunca con ellos. A Manet se le permitía exponer en los Salones oficiales, aunque no por ello su pintura perdió su carácter “subversivo”. Su arte buscaba la provocación tanto por contravenier las reglas académicas como por los temas empleados.

No podemos olvidarnos de que los Salones eran un escaparate artístico del “bon goût” marcado por la Academia. Los artistas mostraban una obra que necesitaba ser “respetable” para la puritana sociedad del XIX. Y ante este público se expuso la Olimpia de Manet en 1865 lo que supuso un auténtico escándalo.

Coloca una prostituta desnuda en actitud sensual y provocativa. No es una figura idealizada, sino una mujer de carne y hueso que no oculta su oficio. Los símbolos que la rodean dejan claro su dedicación: la cama deshecha, la habitación cerrada, la presencia de la sirvienta que le acerca un ramillete no sabemos si un regalo o un pago, el gato negro, el brazalete o la cinta. Además de dejar claro a lo que se dedica, ella se exhibe, está orgullosa y para demostrarlo mira de frente al espectador.

olimpia

Las críticas fueron enormes, algunos de los comentarios que dejaron los contemporáneos fueron

La expresión del rostro es la de una criatura prematura y viciosa; el cuerpo, de un color malsano, evoca el horror de la Morgue…

La augusta joven es una cortesana, una virgen sucia, una especie de gorila hembra..

Sin lugar a dudas no estaban preparados para la modernidad que suponía una obra de estas características, demasiado avanzada para el ideal creado por la pintura académica.

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