La Antigua Roma es difícil de entender sin los magníficos espectáculos que se han convertido en una de sus señas características. Los romanos, fuera cual fuera su estrato social, disfrutaban de la variedad de festejos que eran usuales en su vida cotidiana.

Junto a las luchas de gladiadores o los animales se daban las Naumaquias o representaciones de batallas navales.

Las naumaquias eran espectáculos muy sangrientos, aún que las luchas de gladiadores, debido a que enfrentaba no a parejas de combatientes, sino a dos pequeños ejércitos. Los naumachiarii eran, la mayoría de las veces, condenados a muerte sin ningún entrenamiento específico lo que garantizaba un verdadero baño de sangre. Además estos espectáculos, que recreaban temas históricos o pseudohistóricos, eran tremendamente costosos.

La primera naumaquia conocida fue la ofrecida por Julio César en 46 a.C. celebrada en una piscina, construida para la ocasión, cerca del Tíber. Se habla de que en ella lucharon 2.000 combatientes y 4.000 remeros. La siguiente fue la de Augusto quién, en una piscina construida en la margen derecha del Tíber, ofreció un espectáculo en el que lucharon 3.000 hombres (sin contar los remeros), 30 navíos y numerosas unidades más pequeñas. También ha constancia de la naumaquia celebrada por Claudio en el lago Fucino donde se enfrentaron dos tropas de 50 embarcaciones cada una

Durante el reinado de Nerón apareció como novedad la naumaquia en anfiteatro, aunque éstas se desarrollarían con la construcción del Coliseo. Pero estas naumaquias eran mucho más pequeñas que las anteriores y además están inmersas en el reto que para la arqueología supone el explicar cómo se inundaría el espacio del anfiteatro.

Con el largo del tiempo las naumaquias van desapareciendo a consecuencia de su costoso importe economico y la dificultad que entrañaba su preparación.