Una de las noticias que más polémica está creando en los últimos tiempos es la prohibición por parte de la Generalitat catalana de la fiesta de los toros.

La decisión está creando una gran crispación en la sociedad, pero esto no es nada nuevo en la Historia de España.

La Tauromaquia ha estado muy arraigada en nuestro país al igual que los movimientos contrarios a la fiesta del toro.

tauromaquia goya

Las primeras muestras de oposición aparecen en el siglo XVI con la promulgación de la bula «Salutis Gregis Dominici» por parte de Pío V en 1567. En ella se prohibía expresamente las corridas de toros bajo pena de excomunión. Fue aplicada y derogada de forma intermitente por los pontífices que le sucedieron hasta que Clemente VIII la revoca definitivamente por la presión del rey Felipe II.

felipe II

Es sabido que el monarca era un amante del mundo de los toros lo que cambió con el cambio de dinastía. A comienzos del siglo XVIII llegan los Borbones a España y entre sus refinados gustos no estaba el mundo de los toros. Para Felipe V la fiesta nacional era una costumbre bárbara y por ello promulgó una ley que prohibía el toreo a caballo para los cortesanos. Como toda ley tenía su trampa y el pueblo pudo seguir disfrutando el toreo a pie, una nueva modalidad que no tardó en hacerse muy popular.

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Uno de sus sucesores, Carlos III, prohibió por completo la fiesta (Ley de 1771) y Carlos IV volvió a intentarlo en 1805. En ambas ocasiones el pueblo llano eludió la prohibición y con la llegada de la Guerra de la Independencia el asunto quedó olvidado.

A lo largo del siglo XIX el asunto continuó debatiéndose con otra propuesta de prohibición fechada en 1877 por parte del Marqués de San Carlos. En todos los casos no avanzó sobretodo porque en el pueblo la idea no gustó nada de nada.

La idea de acabar con la fiesta de los toros no sólo fue cosa de políticos, reyes o papas también los intelectuales tomaron partido. Basándose sobretodo en el tema de la defensa de los animales figuras como Tirso de Molina, Quevedo, Pérez Galdós, Azorín, Rubén Darío o Unamuno se posiciaron en contra.

Siempre me han aburrido y repugnado las corridas de toros.

Miguel de Unamuno

La fiesta nacional es la exaltación máxima de la agresividad humana.

Félix Rodríguez de la Fuente

La convulsa primera mitad del siglo XX relegó el debate con la excepción del período de la 2ª República donde hubo opiniones contrarias y, de hecho, no será hasta la llegada de la democracia cuando el asunto vuelva a la plena actualidad.

El debate está en su punto álgido y de nuevo estamos ante la prueba de que la historia casi siempre se repite.

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