Las costumbres del Imperio Inca son de lo más curiosas y una de las que más llaman la atención es la vida tan ajetreada que tenían las momias reales.

Los cuerpos momificados de los grandes señores incas no eran enterrados sino que sus parientes (panaca) tenían la obligación de cuidar de ellos y sus esposas.

Las momias recibían la misma atención que si estuvieran vivas. Se les mantenía aseados cambiándoles diariamente las ropas, peinándolos y despiojándolos además de espantándoles a las moscas. Se les daba de comer y beber diariamente y se le aplicaban betunes para mantenerlos hidratados y presentables.

Siempre que el tiempo lo permitía estas momias reales eran sacadas en procesión a la plaza central de Cuzco. Se las adoraba y llevaba en volandas y sus servidores celebraban los rituales habituales. El Inca Garcilaso señaló

La algarabía que formaban los vivos con los muertos en las calles de Cuzco, ya que todos comían y bebían juntos.

También se las sacaba en procesión por los campos cuando las sequías amenazaban las cosechas e incluso marchaban al frente de los ejércitos si era necesario.

Pero lo más increible es que hablaba con ellos. Se les consultaba a modo de oráculo y sus respuestas eran tenidas muy en consideración para tomar la decisión final.

Vamos que muchos tenían más predicamento muertos que vivos.