Todos hemos oido hablar de la expresión “la Quinta Columna” para referirnos a un sector de población que muestra lealtad hacia el bando enemigo.

Su inventar fue Emilio Mola, uno de los generales protagonistas del golpe de estado de Julio de 1936 contra la 2ª República española.

Mola, “el Director”, fue el encargado de planificar la táctica del golpe y el que estableció el plan a seguir. Durante la 1ª fase de la Guerra Civil, cuando los sublevados avanzaban hacia la capital en agosto de 1936, Mola fue entrevistado por un periodista. Éste le preguntó cuál de sus cuatro columnas entraría primero en Madrid a lo que el general respondió de la siguiente manera:

Lo hará una quinta que ya está dentro de la capital.

Se refería a parte de la población madrileña simpatizante con el golpe y de la que esperaba trabajasen clandestinamente por la victoria de los sublevados. Sus intervenciones fueron variadas: difusión de información para minar la moral de la población y así facilitar la entrada de los insurrectos, recopilación de informes  sobre cuestiones militares o la dotación de asilo a represaliados y perseguidos o confección de planes de huída hacia la zona “nacional”.

En los momentos iniciales de la guerra fueron acciones esporádicas y que, casi siempre, se saldaban con la detención de los implicados.

Más tarde aumentaron fundamentalmente por el desarrollo de los acontecimientos llegando a ser coordinados por el SIPM (Servicio de Información y Policía Militar).

Una de sus actuaciones más destacadas fue iniciar las negociaciones entre el general Casado, Jefe del Ejército del Centro, y los sublevados. Casado junto a dirigentes como Besteiro o Mera se sublevaron contra el gobierno de Negrín. Pretendían negociar con Franco para conseguir una paz con garantías y sin represalias, algo que no consiguieron. Provocarán una guerra civil dentro de la guerra civil facilitando la entrada en Madrid de Franco el 28 de Marzo de 1939.

La Quinta Columna había triunfado.