La idea de la importancia de la asepsia en la medicina no llegó hasta el siglo XIX. Antes de ese momento la higiene en este campo brillaba por su ausencia, aunque había algunas excepciones.

Marquesa de Sable

La Marquesa de Sablé era una curiosa mujer que vivió en la corte de Luis XIV. Destacó en varios campos pero resulta tremendamente curiosa su obsesión por las medidas preventivas en lo referido a la salud sobre todo teniendo en cuenta a lo que nos tenía acostumbrado el Rey Sol.

La marquesa tenía mucho miedo a los contagios y para ello adoptó unas llamativas precauciones. Cuando tenía que ser sangrada, el cirujano era conducido a la habitación más alejada del dormitorio y allí tenía que despojarse de sus vestidos, vestirse con una bata limpia y ceñirse un gorro nuevo para no traer a la marquesa el aire viciado de sus anteriores pacientes.

No sólo se quedó ahí. Exigía a sus amigas que habían visitado a enfermos de viruelas, innumerables medidas de precaución. Así tenían que dejar pasar por lo menos tres días después de haber estado en casa del enfermo, tenían de cambiar sus vestiduras y escoger para visitarla un día en que helara y todo ello sin permitir que se acercaran a ella a distancia menor de cuatro pasos. Junto a esto hacía encender un gran fuego y empleaba vinagre, ruda y absenta como medidas de precaución.

Una pena que estas reglas no se impusieran, el mundo del XVII todavía estaba muy muy lejos del concepto de higiene moderno.

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