Existía una técnica de ataque en la Inglaterra de la Edad Media que tenía un curioso nombre: la Lluvia de la Muerte.

Hacía referencia a la táctica de ataque habitual de los temidos arqueros ingleses. Esperaban hasta que el enemigo se acercaba hasta unos 300 metres y entonces ponían en práctica este ataque disparando sus flechas a la vez que caían en parábola. Lo único que podían hacer sus adversarios eran morir o resguardarse bajo sus escudos con las consecuencias que esto traía al dejar desprotegidos sus frentes.

Esta técnica dio muchas victorias a los ingleses durante la Guerra de los Cien Años.