La lechuga era considerada un afrodisiaco en el Antiguo Egipto.

Pues si, se consideraba que la lechuga propiciaba la fertilidad de la mujer y aumentaba el deseo sexual del hombre. Esta creencia venía de que al quebrarla por su troncho rezuma un líquido blanco, evocador del semen por eso se consagraba al dios Min, patrono de la fertilidad, de la vegetación y de la fuerza regeneradora de la naturaleza. También se empleaba como afrodisiaco el fruto del granado y la mandrágora.