La verdad es que el tiempos de barbarie y oscuridad el ingenio termina saliendo y esto es lo que ocurrió en Polonia durante la ocupación nazi en la 2ª Guerra Mundial. Quién iba a pensar que una epidemia tan devastadora como fue el tifus en Europa del Este pudiese traer esperanza y vida a la castigada población judía de Polonia.

Además del conocido Óscar Schlindler o de figuras como Irena Sendler, en estos años se dieron dos casos tremendamente curiosos. Comenzamos por la ocurrencia del médico Eugeniusz Lazowski que inventó una epidemia de tifus evitando así la deportación de muchas personas hacia los campos de concentración, o lo que es lo mismo, hacia una muerte segura.

Lazowski

A mediados de 1940 Lazowski se encontraba ejerciendo en la aldea de Rozwadów, al este de la Polonia ocupada y tenía la responsabilidad de informar, junto a un compañero Stanislaw Matulewicz, de los brotes epidémicos que surgieran en la zona. El tifus era el más temido por los alemanes sobretodo porque había sido erradicado totalmente de Alemania lo que, ante la falta de anticuerpos, dejaba a los nazis indefensos ante el virus.

Ante la aparición de un caso en la aldea ambos médicos tuvieron la idea de inocular los reactivos a personas sanas para generar falsos positivos. Con esto conseguían que la prueba diera positivo, aunque el paciente no desarrollaba ningún síntoma. A partir de este momento pusieron en práctica un plan para «infectar» a la mayor cantidad posible de polacos lo que hacía que quedasen aislados impidiendo así su envío a los campos.

No fue el único caso, ya que Rudolf Stefan Weigl fue capaz de convertir a los piojos en aliados en su lucha contra los nazis. Weigl fue un experto en parasitología que trabajaba en Polonia durante la ocupación nazi de la zona en la 2ª Guerra Mundial. Su trabajo se centraba en la epidemia del tifus propagada por los piojos y se enfrentó con el gran problema de que no podía cultivar el agente infeccioso de la enfermedad: la bacteria Ricketsia prowazekii que se encontraba en los intestinos de los piojos.

Weigl

Weigl era consciente que para conseguir una vacuna debía propagar la enfermedad de una manera controlada infectando a algunos piojos lo que logró inyectando una suspensión de Ricketsias por el ano de los piojos con una jeringuilla fina como un capilar. El siguiente paso fue emplear los piojos como «granjas de bacterias» y para alimentarlos diseño un armazón de madera que se fijaba a las personas. Este armazón albergaba a los insectos y poseía unos pequeños agujeros por los que se alimentaban, bien de las pantorrillas de los hombres o de los muslos de las mujeres.

granjas de piojos

piernas alimentadores

Esto no contagiaba a los «alimentadores» y permitía al doctor obtener la vacuna tras diseccionar los intestinos de los piojos infectados. Con su vacuna salvó miles de vidas pero la cosa no quedó ahí. Con la invasión nazi contrató a judíos pudo como «alimentadores», salvándolos de una muerte segura.

Quién iba a pensar que una enfermedad causante de tantas muertes pudiera a la vez salvar tantas otras.

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